Cuando el hígado se satura, las toxinas no se eliminan y comienzan a circular por el cuerpo, provocando inflamación, digestión lenta, hinchazón constante, acné, fatiga crónica y metabolismo bloqueado. Con el tiempo, esta sobrecarga impacta la energía, el peso y el bienestar general. Ignorarlo empeora el desgaste interno día tras día.